El Hogar Nazaret es una obra que nace del amor, la compasión y la necesidad de devolver la dignidad a los más pequeños entre los pobres. Fundado en 2011, en la región amazónica de San Martín (Perú), surge como una respuesta real y concreta ante el abandono, la miseria y la violencia que marcan la vida de muchos niños y niñas en la selva peruana.
Inspirado en el espíritu de la Sagrada Familia de Nazaret, el Hogar busca proteger la vida, sanar heridas profundas y ofrecer un camino de crecimiento humano, educativo y emocional, en un entorno de respeto, ternura y compromiso.
1. Una respuesta de amor ante el abandono
El Hogar Nazaret nació para acoger a niñas, niños y adolescentes en situación de extrema vulnerabilidad, muchos de ellos huérfanos, víctimas de violencia, abuso, pobreza extrema o desnutrición.
En una región donde la infancia es frecuentemente invisibilizada, esta obra se levanta como un espacio de refugio y restauración, donde cada niño es recibido como un hijo y acompañado con afecto, paciencia y esperanza. La acogida no se limita al alimento o la vivienda. El Hogar entiende que reparar la infancia implica reconstruir la confianza, sanar el corazón y devolver el sentido de pertenencia. Por ello, se ofrece atención médica, psicológica, educativa y emocional, trabajando con un enfoque integral que combina cuidado, disciplina y amor.
Los niños llegan heridos, asustados o sin hábitos básicos de convivencia, pero poco a poco descubren que son valiosos, que su vida importa y que existe un futuro posible. El Hogar Nazaret es, ante todo, una familia, donde cada historia se escucha, cada dolor se acoge y cada vida se cuida como única e irrepetible.

2. La educación como camino hacia la libertad
Muchos de los niños acogidos nunca habían asistido a la escuela o apenas sabían leer o escribir. Por eso, la enseñanza comienza desde lo más elemental, y se adapta al ritmo, capacidades y nivel de cada uno. Sin embargo, la educación que se ofrece no se reduce a los contenidos académicos. Se trata de formar seres humanos completos, que aprendan a pensar, a decidir, a trabajar, a convivir y a soñar. El objetivo no es solo que sepan más, sino que aprendan a ser.
El aprendizaje se acompaña de actividades deportivas, talleres artísticos, proyectos agrícolas, hábitos de lectura y formación ética. El Hogar no solo transmite conocimiento, sino también valores: esfuerzo, respeto, perseverancia, solidaridad, responsabilidad y gratitud. Gracias a este modelo, los niños logran una recuperación integral, tanto en el ámbito escolar como personal.
Aquellos que completan su formación básica pueden continuar sus estudios superiores gracias a convenios con la Universidad Francisco de Vitoria (España), la Universidad Internacional de La Rioja (España) y la Universidad Católica Sedes Sapientiae (Perú), que les otorgan becas
completas. De este modo, muchos jóvenes del Hogar logran acceder a carreras universitarias, convirtiéndose en ejemplos de superación para sus comunidades.

3. Una presencia viva en la Amazonía
El Hogar Nazaret está situado en plena selva amazónica peruana, una zona de difícil acceso y con severas carencias sociales. Actualmente, cuenta con dos complejos residenciales principales que acogen a 238 menores:
- El Hogar de Niños por Nacer, en Bellavista, dedicado a niñas y adolescentes embarazadas o en situación de riesgo. Allí se brinda atención médica, acompañamiento psicológico, formación educativa y apoyo emocional, protegiendo tanto a las madres como a los bebés por nacer.
- El Hogar de Carhuapoma, destinado a niños y adolescentes varones, donde además de alojamiento y formación, funciona una escuela, una escuela de fútbol y una explotación agropecuaria, que fomenta el trabajo, la cooperación y el sentido de comunidad.
Estos espacios no son simples refugios, sino centros de vida y formación integral, donde los niños aprenden a convivir, a compartir y a desarrollar habilidades que les permitirán integrarse socialmente y construir un futuro digno.

4. Un modelo que une educación, trabajo y sostenibilidad
El Hogar Nazaret no solo rescata vidas: también enseña a construirlas. Por eso impulsa un modelo de funcionamiento basado en la autonomía, la responsabilidad y el aprovechamiento de los recursos locales. En colaboración con la Prelatura de Moyobamba, el Gobierno Regional de San Martín y el Ministerio de Educación del Perú, se han establecido instituciones educativas propias que ofrecen un marco legal y pedagógico para la acogida y la enseñanza. Además, se desarrollan programas de salud, nutrición y desarrollo comunitario que benefician tanto a los niños como a las familias de las zonas cercanas.
El Fundo Santa Teresa de Calcuta, la finca agropecuaria del Hogar, cumple un papel central. A través de la agricultura, piscifactoría y la ganadería, se garantiza la autosuficiencia alimentaria, se generan recursos para el sostenimiento del proyecto y se enseña a los niños el valor del trabajo, la cooperación y el cuidado del entorno natural. Este modelo promueve una relación responsable con la tierra, la gestión sostenible de los alimentos y el respeto por el medio ambiente.

5. Transformar comunidades desde la infancia
El Hogar Nazaret entiende que cada niño transformado puede transformar su comunidad. Por eso, el objetivo no es retener, sino formar y liberar. Cuando los menores regresan a sus pueblos de origen, lo hacen con nuevos valores, con formación y con esperanza. Se convierten en referentes positivos, capaces de inspirar cambios en su entorno familiar y social. En muchos casos, sin embargo, los niños no pueden regresar porque no existe un hogar al que volver. Para ellos, el Hogar Nazaret se convierte en un lugar de vida: allí permanecen hasta lograr su independencia, recibiendo formación técnica, orientación vocacional y apoyo para integrarse plenamente a la sociedad.
El impacto se amplifica: al formar personas libres, educadas y responsables, se fortalecen comunidades enteras. Es una obra de misericordia y fuente fuente de desarrollo humano profundo, generando esperanza donde antes había desesperanza.

6. Un compromiso compartido
El Hogar Nazaret ha podido crecer gracias al trabajo conjunto de instituciones públicas y privadas, religiosas y civiles, nacionales e internacionales que han contribuido en el fortalecimiento de su estructura y a garantizar su continuidad.


7. Una historia de impacto y esperanza
Desde su fundación, más de 2.500 menores han pasado por las casas del Hogar Nazaret. Cada uno de ellos representa una historia de renacimiento: niños que aprendieron a leer, jóvenes que se graduaron, madres adolescentes que encontraron apoyo, comunidades que recuperaron la fe en la educación.
El Hogar Nazaret no es una institución asistencial ni un proyecto temporal. Es una obra viva que integra educación, salud, desarrollo humano y formación moral, con el propósito de reconstruir el tejido humano y social desde su raíz: la infancia.

8. Un futuro que se construye desde la dignidad
El Hogar Nazaret demuestra que el verdadero desarrollo nace del amor y de la justicia, no de la asistencia pasajera. Educar, cuidar y acompañar son los pilares que hacen posible que una infancia herida vuelva a florecer.
En medio de la selva amazónica, allí donde muchos no llegan, esta obra se convierte en una semilla de esperanza que crece en silencio, pero transforma en profundidad. Cada niño acogido, cada familia acompañada, cada vida reconstruida, es una prueba de que la dignidad humana puede renacer incluso en las condiciones más adversas.
El Hogar Nazaret no solo cambia destinos individuales: cambia realidades colectivas. En su ejemplo se revela una verdad esencial: que el mundo mejora cuando se protege la vida, se educa con amor y se cultiva la esperanza. Así, desde el corazón de la Amazonía, esta casa sigue siendo un faro de humanidad que ilumina el presente y siembra un porvenir más justo y más humano para todos.

